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Apareció entre burbujas y destellos que adornaban su infinito cabello negro, como una divinidad emergiendo del lago. El agua recorría fielmente su dócil cuerpo, mientras sus manos sostenían su cabello que brillaba bajo la luz del sol y el reflejo cristalino del agua.

Sin duda era una mañana hermosa para la Princesa Lican Rayen, no sólo por el paisaje que se extendía ante sus ojos, sino porque hoy, finalmente conocería a su prometido.

No es que a ella le agradara la idea de comprometerse con alguien "desconocido", si, "desconocido" y es que ella ya lo conocía.

Lican Rayen había heredado el poder de las visiones de su machi (bruja mapuche) y aunque no eran tan poderosas como las de ella, pudo distinguir claramente los rasgos de su futuro prometido y algunas actitudes hacia ella. Por supuesto que ella no era una jovencita fácil. Era muy popular por ser un espíritu libre, un espíritu muy hermoso por cierto. Para los hombres de su tribu, su actitud desafiante ante la libertad era un hechizo y para las mujeres altamente envidiable, pero era una princesa y, por lo tanto, nadie podía cuestionar sus actitudes, que jamás fueron las de una niña consentida, sino las de una mujer que no pretendía amarrarse bajo el título de "Princesa".

Su padre, el poderoso y rico Cacique (Jefe Mapuche en tiempos de Paz) Curilef, que muchas veces había ayudado al Toki (Jefe Mapuche en tiempos de Guerra) en la guerra contra los españoles, no tenía problemas con el espíritu indomable de su hija, pues, quien la desposara, debía ser un hombre fuerte y con gran poder de desición, digno de ella, que pudiera domar los sentimientos de su joven hija. El verdadero problema para Curilef era que ese hombre no aparecía. Todos eran opacados por Lican Rayen, que poseía un aura mágica y especial. Pero todo esa mañana estaba predestinado a cambiar cuando un fornido e imponente Cacique de una tribu cercana ofreció una gran dote por la princesa y en demostración de su fuerza y determinación, regaló dos pumas, domados por el mismo, a Curilef. Ante esto, el Cacique aceptó casar a la princesa con aquel hombre.




Caminando asombrado por esas tierras, llegó a la cumbre más alta del paraje y divisó las agua de un lago que muchas veces escuchó a sus compañeros llamarlo Calafquen. No sabía si sus aguas eran verdes o azules, pero se veía refrescante y apacible brillando bajo la luz del sol. Era extraño tener esa sensación, sabía que era una tierra hostil, pero no sentía temor, muy por el contrario, experimentaba una sensación de paz en aquellas tierras de las que los españoles hablaban con tanto respeto y temor.

La denominaban "La Selva" y la describían como un paraje enemigo y terrible, era imposible trazar una senda por el espesor de la vegetación y era oscura pués, débilmente un rayo de sol podía traspasar la red de hojas y ramas. La suponían poblada de fieras y reptiles que atacaban a los hombres, además del silencioso enemigo que hacía caer a los hombres sin piedad, la fiebre. Sin embargo, todas esas palabras comentadas en el ambiente de una cantina española, se fueron desvaneciendo en su mente al estar frente al pacífico e iluminado paisaje. Le parecía incorrecto que el español o cualquier hombre viniera a romper con esa quietud privilegiada y lejos de la ambición corrupta del hombre. Dejar esas tierras vírgenes y utópicas lejos de los pecados del viejo mundo se le atravesó por sus pensamientos como un rayo zurcando veloz las nubes y se sintió confundido, quería quedarse pero también irse.

Pronto salió de sus pensamientos, cuando divisó una silueta brillante y coloreada por los primeros rayos del sol a las orillas del lago. Cautelosamente se acercó y pudo escuchar que la mujer entonaba una hermosa canción en una lengua desconocida mientras secaba su cabello al sol.

Él no quería atemorizarla y por eso visible y distante comenzó a cantar la misma canción. Lican Rayen al percatarse de esto se volteó asustada y vio al joven español sonriéndole, poseía ropas muy extrañas y emitía resplandores por todo el cuerpo, pero no le pareció hostil, por lo que precavida se acercó al hombre y comenzó a tararear la melodía nuevamente. El joven la imitó con un acento mal aprendido en los últimos minutos. A Lican Rayen le pareció gracioso y sutilmente le corrigió las palabras, otra sonrisa volvió a sellar la amistad entre ellos, y así la joven extendió su mano hacia el soldado nombrándole "Aliumanche" (Hombre Blanco), luego, señalándose a si misma pronunció "Lican Rayen" (Flor de Piedra Mágica).

Esa mañana pasó el tiempo más rápido de lo usual y entre que ambos se enseñaban palabras en sus distintos idiomas y recorrían los bosques en un paseo muy ameno y con compañía muy agradable, llegó el mediodía a romper con aquella mágica conexión. La princesa debía volver a su tribu, pero ninguno de los dos dejó el lugar sin antes señalar un próximo encuentro esa misma noche.

Todo había ido muy rápido entre ellos y es que había una conexión muy especial entre ellos, casi magnética. Pero Lican Rayen sabía muy bien cual era la razón y eso la hacía tremendamente feliz. Su futuro prometido era una persona agradable y respetuosa, deseaba la paz, era atractivo, y aunque fuera extraño no le importó, ella amaba todo lo que fuera una puerta abierta a otros mundos y él representaba eso para ella.

Al llegar a su ruca (Casa Mapuche), su padre la sorprendió con la noticia de su pronto matrimonio, a celebrarse l próxima luna llena. La princesa se sintió atrapada por primera vez en su vida, no podía contradecir a su padre ni sus deseos, pero mucho menos podía contarle que se había enamorado del mortal enemigo de su gente, por lo que sólo calló y acató los deseos de su padre retirándose pronto del lugar, con la mirada más apagada y triste que nunca jamás se le había visto traer.

Esa tarde acudió a donde la Machi de su tribu, quien la vio crecer, la había criado como a su hija y le había otorgado su magnífico don. Al enterarse de lo acontecido, la anciana mujer acudió a sus visiones para pronosticar el futuro de la pareja. Con una cara de temor absoluta, la anciana le aconsejó que huyeran a través del lago, de otra manera ambos sufrirían de por vida y era muy posible que ambos terminaran muertos y sin poder disfrutar de su amor. Seguido de esto, le regaló una piedra roja a la princesa que no debía sacársela jamás. La piedra contenía una maldición, pero Lican Rayen no cuestionó los consejos de la Machi, pues bien sabía que si lo hacía era una ofensa, por lo que le agradeció y abandonó su ruca.

Esa noche Lican Rayen salió al encuentro del soldado. Cuando se encontraron ella le explicó torpemente todo lo ocurrido. Él con cara entre sorprendido y agradecido la abrazó fuertemente, por fin había encontrado la respuesta a los sentimientos que ese día lo embargaron sin previo aviso. Se miraron por eternos segundos, iluminados sólo por la luna, con el corazón latiendo intensamente, como queriendo unirse con el del otro en un arranque de amor, lentamente los latidos fueron calmándose a medida que se besaban tranquilamente, tomados por las manos. Juntos bajo el cielo infinitamente estrellado, calcularon que la próxima luna llena sería en tres días (contando esa misma noche) y por lo mismo comenzaron a planear su escape.

Pero como bien es sabido, la vida suele ser tramposa y a veces nos pone barreras que nunca hubieramos planeado. La noche del segundo día el Cacique prometido de la princesa, habló con Curilef y le contó todo lo que había visto la noche anterior entre Lican Rayen y el soldado español. Curilef desató su ira y ordenó a sus hombres ir a buscar a su hija y a matar al Aliumanche, si ella se resistía también debía morir. El sentimiento de humillación que había experimentado el cacique no tenía perdón, aunque se tratase de su única hija.

La princesa y el soldado estaban en las orillas del lago, terminando la balsa que los llevaría la noche siguiente hacia la libertad cuando el silencio de la noche fría se vio roto por un alarido eufórico de una masa de hombres molestos dispuestos a matar a quien se les atravesara en el camino.

No necesitaron comunicarse para saber lo que había ocurrido y empujaron juntos la balsa hacia el Calafquen disponiéndose a ir a la única isla que poblaba en su centro.

Algunos hombres (muy pocos) ya en el centro del Calafquen alcanzaron a la pequeña embarcación al cabo de unos minutos, pero al tocarla la maldición de la Machi hizo su efecto transformándolos en enormes islas repletas de vegetación. Los once hombres que siguieron a la pareja en el lago cayeron a causa de la magia. Agradecidos, los enamorados tuvieron asi, mas de un lugar para ocultarse de la furia de los nativos.

Esa noche, y las dos siguientes, bajo la intensa lluvia, los mapuche (nativos de la zona) iban a buscarlos a las recien aparecidas islas sin éxito alguno. La pareja pasó frío y miedo, pues no podían encender fuego, de lo contrario serían ubicados y capturados, sin embargo, la tercera noche que sin duda fue la más fría, había dejado de llover, y sin poder aguantar el frío encendieron una fogta. Los Mapuche los detectaron inmediatamente, pero al llegar al lugar los enamorados no estaban, lo mismo ocurrió la noche siguiente y la sub siguiente.

Huyendo siempre a través de las islas, jamás fueron atrapados y así se perdieron entre los vientos del tiempo y los senderos de la distancia.

Se dice que en las tardes de primavera se divisa una columna de humo lejana que anuncia el regreso de Lican Rayen y Aliumanche

Fin
ENGLISH VERSION HERE ----> [link]

This is my adapted legend of one location in the South of my country called Lican-Ray (Chile).

The English version is coming in one hour and will be one of my entries for emmil's contest "Forbidden Love" [link] ^^
So if you wanna read it wait a little longer please! ^^;

:police: DON'T USE WITHOUT PERMISSION :police:
Any questions? send me a note please! ^^
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